2/13/2011

Destino Humanidad.-

Mire con espejadas pupilas el suelo una vez más.
Mis pies descalzos, mis uñas mal crecidas amarronadas por el polvo suelto.
Una leve brisa jugaba con algunos pelitos rebeldes de mi cabeza mientras mi sombra proyectada se deforma instintivamente hasta el Este.
Me voy… no es novedad para ustedes, lo había advertido. Se los cante muchas veces, y se los silbe en canciones de cuna. Es hora de girar sobre mí, mostrar las palmas de mis manos e iniciar finalmente el viaje.

No me despidas con una lágrima, no permitas que la imagen última sean tus ojos de hielo derritiéndose, con la voz entrecortada o con la mirada a un lado. Dame un abrazo con fuerza y sin temor, dame el amor de familia que necesito para cruzar el horizonte, por favor, mamá.
Despedime con la alegría de que ya no retorno. Un camino sin huellas ni descansos.
Abrace a quien hizo de mi ejemplo a seguir. Se que no comprende la magnitud real de todo esto; aun así el abrazo de mi reflejo en miniatura me destruyo, no pude evitar quebrar en llanto. –Se libre, frontal y simple. Reí siempre, y llora cuando quieras hacerlo. Llora y reí siempre. A eso venimos. Portate bien, cuida a mamá.
Hay olor a angustia en el aire espeso o solo soy yo?
-Reíte! No me hagas volver para encontrarte sola encadenada a las agujas del reloj.-
No olvides quien sos. – le dije a mamá con un hilo de voz que apenas logro nadar a través de la brisa para grabarse en el recuerdo de la mujer de mi vida.

La presión en ese lugarcito indescriptible detrás de la nuca que censura mi expresar.
Necesito irme ahora. Realmente necesito.
Camine de espaldas a mi destino los primeros pasos y grabe a cincel de dolor prematuro la imagen de quienes ya no volverán a verme. Jamás escucharan mi voz de nuevo ni olerán mi perfume temprano en la mañana. Ya nadie ocupara el escritorio viejo del comedor.
Las risas matutinas y los juegos de inocencia plena con risitas escondidas serán extrañadas cuando abandonado a mi suerte busque el sueño en el mar de piedras bajo la luna jugando con el pulso de la aorta que se duerme por momentos y del tiempo pierdo la noción.
Elegí no traer más que lo puesto, los bolsillos vacíos, y la capucha para esconderme de los cachetazos del sol.

Los pies descalzos…

No voy a mentir. Tengo cadenas que me sujetan por la espalda y la nuca, candados en mis piernas que impiden momentáneamente mi despegue. Momentáneamente.
Me voy porque realmente me enamore de la vida, de eventos magníficos como amanecer en llamas y los temblores en el estomago cuando un beso no esperado en labios tontos nace. No quiero imaginar siquiera una existencia en la que no pueda caminar entre desconocidos santos en las calles, palpando su humanidad. No quiero.

Nunca estuve solo, siempre fui solitario.

El sol brillante ya no aturde, comienza a escapar. Se escabulle hacia el horizonte y este caminante viejo se dispone a descansar.
Sin refugio mas que la estrellas que me espían y mi fuerza de voluntad, dormiré sin cerrar mis ojos una vez mas. Ya no vuelvo.
Hoy, esta noche, solo quedo yo conmigo mismo, tal vez mal acompañado pero así inicie mi viaje eterno.

Destino Humanidad.-

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