8/04/2011

Hay Amor del que no conoces.

Tuve un plan donde no estabas y tuve un plan donde aquel océano mugriento no era más que un vaso de agua turbia derramado bajo la mesa. Observé en aquel entonces mas ciego que nunca y pude ver. Pude verme. Pude verte. Esquivase mi atención los insectos y la cadavérica fauna que habitó siempre en abundancia. Siempre en abundancia. Y como era de esperarse, ahí lo tenés, cayendo con el drama que creamos, el mas antiguo de los especímenes arbóreos. Aquél que, en el esplendor de su juventud siempre fue una mierda.
Así de poético, una mierda.


Carecían mis planes de fantasías y acomodé obstáculos y dificultades lo mejor posible. Corrí con el viento proveniente del Norte de manera tal que perdí la noción de hacia donde me dirigía. Aterricé en un pastizal tan extenso que mis sucios ojos no hallaron horizontes. Razas de verdosos amarillentos danzaban al compás de la brisa pincelando un paisaje digno de lágrimas. Supe que era momento de abandonar mis ropajes y permanecer en la vergonzosa desnudes pero no me animé, no tuve el coraje de arrancar los artilugios que me mantuvieron tan falsamente cálido.
Y sumergido en el vacío de un pensamiento que no llegó a nacer, que aborté involuntariamente y haciéndome el desentendido dejé caer mi cuerpo como si fuese abandonado por la vida. Que la naturaleza de la gravitatoria fuerza se encargue de acomodarme sobre la barriga de esta, mi madre Tierra. Que no es mía, ni es tierra.

Existe un momento en la sinapsis que no responde a nuestra humana física y mantiene su existencia fuera de los límites de los hombres. Es exactamente ahí donde esos chispazos fugaces e insondables alimentan tragedias globales que nacen y mueren en la cabeza de este. Albergan el dolor sin bautismo y las contradictorias dudas vírgenes de mi voz.
Y volví. Volví con la cabeza llena de mierda vieja y nueva. Estrenando nuevamente un pecho sin uso y en desuso. Miralo vos...
Volví con los pies desnudos de calzados porque no los necesité jamás para entrar a violarte a la luz de los cigarrillos.
Volví con temblores en las manos porque siempre me temblaron las manos.
Soy un criminal de tus agentes, soy atentado a tus virtudes de papel higiénico.
Me perdí entre mis propias consonantes, una situación que no deseo, pero aprovecho porque así vivimos como cuando tres en simultáneo opinamos, vivimos y nos insultamos.
¡Oh que tiempos raros! Cuantas voces diferentes silbando una orquestal patada en el culo.
Si, hoy soy un malhablado. Carece de interés en acomodar la fachada a tus instintos el presente. No quiero ser otra vez el que fuí. Amame jodido y de mal humor. Amame cuando te pateo la puerta del dormitorio y escupo cuando hablo exasperado.
Amame cuando mis internos vocablos se fugan en garabatos en papelitos que termina en los bolsillos de algún desconocido y, si te atreves, dejá de juzgarme. No porque no me conozcas, simplemente no lo hagas.
Volví a perderme.
Envejecí tanto desde que viví sin entender y disparé reclamos a supuestos culpables. Una a una mis palabras fracturaron mi amígdalas en su camino de retorno. El cielo poblado por divinas creaciones solo alberga espejitos que reflejan, nada más. La verdad es que me estoy muriendo. Lo hago desde hace un tiempo y no soy valiente. Pero perdí ese temor estúpido. No es el abandono de esta materia la que me presiona la garganta.

Amigos míos, volveré a arrastrar mi lapicera barata por mi cuadernito entre lagrimas una vez mas, de eso estoy seguro. Y pocas veces preso de este miedo que es tan ausente como poderoso. Aun así, me gusta la sensación de poder enfrentarme una vez mas a esas criaturas despiadadas que alberga mi mente.
Es impotencia disfrazada al saberme inútil ante los hechos que vendrán, si es que no logramos milagros. La puta madre tengo miedo y un poquito me gusta. Pero mayormente me silencia en el acto y apenas de pensarlo tengo un llanto reservado. Mis falanges tiemblan demasiado y siendo ya momento de retirarme, así lo hago. Me llevo conmigo el aroma a cigarrillo frío que impregné en los muros de este bosque de argumentos. No podrías mirarnos a los ojos, aunque tuvieras el coraje de intentarlo. No podrías.
Me llevo la satisfacción de meterte el dedito en los pliegues del cerebro.
No voy a dejar de patear puertas. No debo y realmente no quiero, las próximas son las oxidadas propias.
Es hora de rendir honor a tantos años de bla bla bla

Me mire en el espejo y me encontré con una pelea desigual. Golpes de puño y revolcadas salvajes. Una villereada. Momentos después comenzaron los abrazos y caballerosas reverencias. No fue una tregua, fue Amor.

Hay Amor del que no conoces.-


Erec Tortle Athome.

1 comentario:

MARIBEL dijo...

Hacia mucho q no pasaba por aqui.

Brillante como siempre.
Espero q vaya bien